LA CRISIS DEL CORONAVIRUS NOS DES-CENTRA Y NOS MUESTRA OTRO MODELO DE IGLESIA.



LA CRISIS DEL CORONAVIRUS NOS DES-CENTRA Y NOS MUESTRA OTRO MODELO DE IGLESIA

Escrito por: René Chanta Martínez
Preocupémonos los unos por los otros,
a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras (Hechos 10, 24)  

     Desde hace varios meses un acontecimiento fortuito ha golpeado a toda la humanidad con una crisis socio-sanitaria sin precedentes en los últimos cien años. Me refiero a la pandemia del COVID-19 que ha puesto bajo confinamiento a una buena parte de la humanidad[1].  Científicamente en pocos meses se ha logrado identificar y explorar el virus que ocasiona dicha enfermedad. La comunidad científica lucha desde los últimos meses por encontrar una vacuna que pueda inmunizar a las personas de este virus que hasta la fecha ha infectado a más de cinco millones de personas y ha cobrado la vida de más de cien mil humanos. Eso en cuanto a las cifras oficiales ya que por tener el virus un aproximado de 70% de casos asintomáticos puede que la cifra de contagiados sea más numerosa. En efecto, muchos países han retornado a lo que podríamos denominar “la nueva normalidad” con ciertas restricciones y medidas higiénicas.

     Dicha pandemia ha logrado algo que considero fundamental e importante ya que ha podido en poco tiempo replantear y cuestionar diversos ámbitos de nuestra vida. Así, hoy en día es normal que se hable de teletrabajo, clases virtuales, compras en línea, ceremonias religiosas en vivo, etc. Muchos comercios que antes solo daban servicio en el local han tenido que lanzarse a la modalidad de venta a domicilio para sobrevivir a esta crisis socio-sanitaria. E incluso hasta las instituciones educativas que más se resistían a la educación virtual han tenido que hacerse valer de la tecnología para salvar el semestre.

     Se dice que las crisis son oportunidades de cambio o que las crisis generan oportunidades. Sin duda, es cierto, pero también las crisis evidencian carencias y problemas. La teología y las experiencias de las prácticas eclesiales no serán la excepción. Ante eso habría que hacer algunas reflexiones sugerentes y necesarias.  Buena parte de las ceremonias, cultos y misas se han estado realizando y presentando al público desde los dispositivos tecnológicos presentes en la actualidad. Entre estos resaltan los Facebook live, Youtube live, las videoconferencias en Zoom, Teams, Meet, Skype y otras fuentes informáticas y telemáticas. Por cierto, la radio y la televisión aún siguen vivos y vigentes a pesar de que muchos han vaticinado el fin inminente de estos medios de comunicación tradicionales ante el avance de internet.

     Estas transmisiones en vivo  en parte es algo positivo ya que evidencia que los actos y cultos pueden seguirse desde los medios tecnológicos de hoy[2] y la cercanía de la comunidad puede sentirse aún con las distancias sociales y geográficas. No obstante, habría que cuestionarse algo, ¿no produce cansancio o sobresaturación el exceso de cultos y misas en vivo? ¿Por qué no dejamos un rato para estar en silencio, reflexión y meditación que por cierto también son parte de las experiencias cristiana? Como decía Gómez Cantero: “¿No os parece que tanta misa por las pantallas mantiene a las personas en la pasividad de mirar? [..] Miremos nuestro interior y hagamos silencio en donde nos habla Dios”. (Gómez Cantero, 2020).

A)    Una buena parte de Iglesias de corte cristiana tenían un modelo de Iglesia de masas. Esto se evidenciaba en templos llenos los sábados y domingos, cultos  masivos, buses transportando gente hacia los lugares de las ceremonias religiosas, bautizos masificados, grandes filas para recibir la comunión, estadios llenos, entre otras situaciones. Entre más personas llegaran al templo mejor.  No obstante, hay que manifestar que no siempre el cristianismo fue así. Recordemos el cristianismo primitivo era de pequeñas comunidades y no de grandes templos ni asistencias masivas. Esta crisis del coronavirus nos puede mostrar un modelo de iglesia distinto, en donde lo pequeño, lo comunitario es una forma de vivir la fe. El templo no es la iglesia, la iglesia es la comunidad.

B)   En la misma línea de las reflexiones anteriores, habían iglesias que se asemejaban a una empresa. tenían estrategias de publicidad, marketing. Son “megaiglesias”. En su interior habían cafeterías, restaurantes, ventas de artículos, etc. Aparte de esto, muchos pastores parecían gerentes con trajes ejecutivos, grandes oficinas, guardaespaldas, personal a su servicio, reuniones con políticos,  entre otras situaciones. ¿Esto está mal? Claro que no. Cada uno es hijo de su tiempo. De una u otra manera, se cumplía una función cada lugar y rincón destinados para determinados fines dentro de esos complejos eclesiales.. No obstante, aquí convendría cuestionarse, ¿las iglesias deben seguir las pautas del mundo empresarial? Ante esto habría que recordar la cita de Lucas 22:26 “No sea así entre ustedes. Al contrario, el mayor debe comportarse como el menor, el que manda como el que sirve”. .En esta crisis del coronavirus puede llevar a reflexionar y ver otro modelo de Iglesia menos ligado al afán empresarial y mas lanzado a la predicación, ayuda, solidaridad y cercanía con el otro.

C)   También este confinamiento puede producir algo que considero bastante peligroso: un asilamiento social insolidario. En efecto, la pandemia produce miedos y temores. Ayer salía en una publicación que más de la mitad de salvadoreños teme contagiarse del nuevo coronavirus. Esto produce distanciamiento. A la vez, las autoridades han mandado una cuarentena y promoción del aislamiento social como medida preventiva que ha mostrado eficacia en otros contextos para contener el avance del virus. No obstante, esto puede producir aparte de un enfriamiento del a fe y alejamiento del otro, del que sufre y padece necesidad. Bien nos decía el discurso escatológico de Mateo  Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis” (Mt 25, 35). Por tanto, esta pandemia no debe hacernos olvidar la “KOINONIA”, la comunión con los otros. Las iglesias más que centrarse en los cultos, diezmos y limosnas en la pandemia, deben promover la solidaridad con el necesitado. Luego de esta crisis probablemente vendrá hambre, necesidad (de hecho algunas empresas han suspendido pagos por el cierre temporal) y desde allí, la solidaridad y ayuda es un imperativo y no algo opcional.
D)   En esa misma línea hay que manifestar que las iglesias por todos los medios posibles deben promover la no discriminación hacia los enfermos por COVID 19 y a la vez, orar, ayudar y obrar por la recuperación de los enfermos. SE debe orar y dar fortaleza a las familias de  los que fallecen a causa de este mal. Como dice el documento de Aparecida, los enfermos son rostros sufrientes que nos duelen y debemos procurar un acompañamiento comprensivo y misericordiosos hacia ellos. (Aparecida, 421)

Como vemos, el coronavirus nos cuestiona y nos hace reflexionar que otro modelo de Iglesia es posible hoy en día. La pandemia pasará, pero la humanidad, la fe y las iglesias sobrevivirán a esta crisis. “Vengan a mí los que están afligidos y agobiados que yo los aliviaré”.(Mt 11, 28-29). Guardemos la esperanza.
  
REFERENCIAS

Biblia de Jerusalén. .
Documento de Aparecida, Conclusiones. 2007.
Figueras Pau, Introducción al cristianismo primitivo, 2016.
Gómez Cantero: “No os parece que tanta misa por las pantallas mantiene a las personas en la pasividad de  mirar? En Religión digital 25 de marzo de 2020.
https://www.clarin.com/mundo/coronavirus-mitad-poblacion-mundo-cuarentena-millon-infectados_0_NxbCGGbPp.html



[1] Se ha dicho que aproximadamente la mitad de la población ha estado confinada, es decir, 3,900 millones de personas han vivido o están viviendo cuarentenas.
[2] En realidad esto no era tan nuevo ya que desde hace varias décadas habían misas televisadas, canales que transmitían cultos y prédicas y ceremonias religiosas por radio.

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